Empeñando el futuro

Habla el pediatra que acusa a los agrónomos por el uso glifosato.
Se llama Rodolfo Páramo y en el último encuentro de Pueblos Fumigados les dijo a los agrónomos que eran “unos genocidas”. Lo denunciaron en la justicia pero el pediátra insiste en que “tienen que hacerse cargo de este modelo de destrucción”.

Páramo trabaja en el norte provincial y asegura que ha visto las consecuencia de los agrotóxicos.
Por José Maggi
Una dura polémica entablada entre el médico pediatra de Malabrigo (Santa Fe) Rodolfo Páramo y el Colegio de Ingenieros Agrónomos de Córdoba, encabezados por Ricardo Weiss promete llegar a la justicia. Es que el facultativo quien viene denunciando los efectos del glifosato sobre la salud humana, como malformaciones congénitas calificó a los ingenieros agrónomos que apoyan este modelo productivo como “genocidas hijos de puta”. Comenzó allí un cruce de cartas documento en las que Ricardo Weiss, directivo de la entidad, lo intimaba a ratificar o rectificar estos dichos que habían sido vertidos en el primer Encuentro de Médicos de Pueblos Fumigados realizado a fines de agosto en Córdoba. Muy por el contrario de desdecirse Páramo les recordó que “el Código de Etica del Ingeniero Agrónomo en su Artículo 16 expresa claramente su obligación de: Advertir al cliente errores en que éste pudiere incurrir, relacionados con los trabajos que el profesional proyecte o conduzca”, y no “lavarse las manos” después de extender la receta agronómica, y no controlar “in situ” las aplicaciones de lo que receta, pretendiendo eludir así la responsabilidad que les cabe y obtener impunidad lo que hace deleznable su proceder y cobarde, pretender que el que incurre en tal omisión, negligencia e ilícito son otros actores”, dice la carta de respuesta que ha enviado a través de sus abogados patrocinantes Graciela Cristina Gómez y Mariano Aguilar.
“La polémica explica Páramo comenzó cuando dije que las transnacionales están haciendo desastres en el suelo argentino y dije que los ingenieros agronómos que suscriben este modelo de producción son unos ‘genocidas’. Entonces alguien a quien no conozco se quejó ante el coordinador del Encuentro en Córdoba que era Medardo Avila Vázquez para que ratificara o rectificara esos dichos. Y yo no hice ni una cosa ni la otra. Ahora bien lo que hice fue recordar cuando los ingenieros agrónomos nos decían que no había evidencias científicas sobre las consecuencias de estos agrotóxicos: hoy ya no necesitamos más evidencias porque fueron publicadas a nivel nacional como los estudios de la Universidad de Río Cuarto, los de la Facultad de Medicina de Córdoba, o los de la Universidad Nacional de La Plata sobre los efectos del glifosato sobre los espejos de agua”.
Páramo agrega “la investigación de Andrés Carrasco del Laboratorio de Biología Molecular de la UBA. Le recuerdo su entrevista al secretario académico de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR, en la que se mostraba contento porque Monsanto les había donado un laboratorio por un valor de medio millón de dólares. ¿Y ahora se ofenden porque digo la verdad? ¿Por qué no suscriben otro modelo productivo entonces? se pregunto.
¿Esta fue al primera vez que hablo de genocidio?
No, la primera vez que hablé fue en noviembre de 2007 en la estancia Santa Elena de Las Heras cuando fui convocado para hablar de glifosato. Entonces pensaron que estaba loco, porque decía que se estaba muriendo cada vez más gente. Los años me dieron la razón. Cuando dije por primera vez lo del genocidio los ingenieros agrónomos, los dueños de veterinarias, que venden agroquímicos me decían que estaba loco porque estaba enloqueciendo a las mamás embarazadas. Yo les pregunté qué sabían ellos lo que provocan estos químicos en la intimidad de cada célula humana, Y los estudios de Seralini, y tantos otros. No quieren ver lo que tienen adelante. Y le creen a Monsanto, cuando siempre mintió, lo hizo toda la vida.
-¿Tuvo la posibilidad de analizar el trabajo de la UNL realizado por orden del juez de San Jorge Tristán Martínez?
Esa es una farsa hacia la justicia, porque no es completo, a pesar de que el rector de la UNL dijo que todos los agroquímicos son venenos no responden y faltan investigaciones críticas que hablen de la toxicidad. Somos uno de los pocos lugares del mundo que usamos productos como el endolsulfán prohibido en 60 países. Aquí usamos herbicidas para matar la soja guacha que vuelve a crecer, así que le tiramos el 2.4.D el agente naranja de la guerra de Vietnam.

¿Cómo es esto?
Monsanto produjo el agente naranja en la guerra de Vietnam, porque creían que los vietnamitas corrían por debajo de las copas de los árboles y desfoliaron todo el bosque. Sin embargo después descubrieron que corrían por túneles subterráneos. Parte de ese herbicida es el 2.4.D y lo usan para matar la soja guacha que crece después de la cosecha, porque se caen accidentalmente porotos de soja.
¿Desde cuando viene haciendo este análisis?
Mire estoy jubilado y jamás acepté las injusticias y la impunidad, y dos años antes de jubilarme, dije todo lo que están haciendo en este momento. Me puedo morir mañana, tengo 70 años, pero pensé en los tataranietos de mi nieto, que vive hoy conmigo, y me pregunté si ellos van a tener la posibilidad de vivir en una tierra sana, como dice la Constitución. Tengo la certeza total, cabal de lo que digo: Este es un modelo destructivo, destruye la vida, la diversidad biológica, no solo la vida humana. Lo dije en el Bolsa de Comercio de Rosario hace unos días, les recordé los documentales de la mariposa Monarca que viaja desde el norte de Estados Unidos a Centroamérica. Ella se alimenta de las flores de un arbusto que estos productores llaman malezas, a la que califican de veneno. Pero si la naturaleza lo puso alli es porque cumple una función, y quien soy yo para destruir lo que la naturaleza puso alli. Si no aprendemos a convivir como dicen los originarios, y esto es parte de la vida de la tierra, nos estamos asesinando completamente- concluyó Páramo.

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