San Miguel in Excelsis, ¿¿era un alienigena??

En lo alto de la sierra navarra de Aralar, el santuario de San Miguel Excelsis guarda una enigmática imagen que algunos han identificado con un alienígena a causa de la “escafandra” que rodea su cabeza. ¿Quién y por qué se la colocó? Éste es sólo uno de los numerosos interrogantes que suscita este misterioso enclave.

Hace diez años el periodista Juan García Atienza publicó un libro titulado Guía de la España mágica en el que presentaba una serie de itinerarios a pie por las zonas más misteriosas de la geografía española. Uno de sus trece capítulos giraba en torno a la sierra navarra de Aralar, en cuya cúspide se sitúa el santuario de San Miguel de Excelsis. Atienza hablaba de la historia del santuario, pero también de una curiosa imagen que poco sospechaba que se convertiría en un misterio iconográfico aún sin descifrar. Se trata de la figura de San Miguel de Excelsis, que se guarda en el interior del santuario.
La efigie, de 71 centímetros de altura, está tallada en madera y representa al arcángel sujetando sobre su cabeza la cruz de la salvación. Toda la imagen está revestida de plata dorada, incluida su cabeza. Y es aquí donde reside el misterio que presenta Atienza en su libro: en el lugar en el que debería estar la cara de San Miguel sólo hay una especie de escafandra que oculta su rostro. Ningún experto consultado sabe a ciencia cierta por qué se le representó de esta extraña forma. Pero, si a este dato se le añade el hecho de que Aralar es una de las “zonas calientes” de nuestro país en materia ufológica, el enigma se acrecienta. ¿Fue la intención de su autor reflejar un hecho ocurrido en este monte ¿O sólo pretendía ocultar el rostro de San Miguel y utilizó para ello un elemento que se asemejaría siglos más tarde a las escafandras de los astronautas? Como consecuencia de la divulgación de este enigma en el libro de Atienza fueron muchos los curiosos que se acercaron al santuario. Hoy debemos revisar la historia, presentar nuevos datos y transmitir la opinión de expertos en la historia de la imagen y del santuario. Sólo así podremos aproximarnos a desvelarlo.

UNA HISTORIA DE LEYENDA

Existen varias leyendas sobre el origen del santuario de San Miguel de Excelsis. La más extendida relata cómo en el lugar en el que hoy se levanta habitaba un dragón que atemorizaba a los pueblos vecinos. Para que no los atacara, todos los días le entregaban una persona… hasta que apareció por allí el caballero de Goñi, que portaba como penitencia una gran cadena atada a la cintura y llevaba calzado de hierro. El penitente se liberó de sus ataduras y rescató de las garras del dragón a la joven seleccionada ese día. Pero, como él solo no podía vencer a la criatura, pidió ayuda al arcángel San Miguel, que se presentó con Dios para cortarle el cuello con su espada al monstruo.
En agradecimiento a su decisiva actuación se acordó edificar el santuario. Esto es lo que cuenta la leyenda, pero poco se sabe sobre la fecha exacta de su edificación. Existen indicios que apuntan al siglo IX, pero la destrucción posterior de ese edificio primigenio por los invasores musulmanes o por un incendio impiden comprobar esta hipótesis. Los primeros documentos que hablan del santuario datan del año 1017 y se da por seguro que fue consagrado en 1074. Pese a todo, la confusión reina en torno al origen de todos los elementos de este enclave. En su interior hay un retablo de estilo románico del que tampoco se conoce ni su autoría ni su fecha de confección. Y lo mismo sucede en torno a la figura que ocupa nuestra atención.

LA IMAGEN DE SAN MIGUEL

El origen de la imagen de San Miguel es difícil de concretar. Ni siquiera se sabe cómo era su aspecto primigenio. Se cree que era una figura tallada en madera y cubierta en plata para protegerla del paso del tiempo y darle mayor valor, pero todo son especulaciones. Los que sí están bien documentados son los intentos de robo de que fue objeto, que a la postre determinarían su aspecto actual. El primero sucedió en 1620. No llegó a consumarse porque los tres ladrones fueron sorprendidos cuando intentaban llevarse la imagen. Según la leyenda, su captura se debió a un suceso milagroso, pues quedaron inmovilizados nada más cogerla. El siguiente intento tuvo lugar en el año 1687. Dos hombres, Manuel González y Juan de Jáuregui, entraron furtivamente en el santuario de noche y, tras arrancar la cabeza de la efigie y deshacerse de ella porque no estaba recubierta de plata, fueron detenidos en menos de un día. Lo más significativo de esta historia es que nos da pistas sobre cómo debía de ser el aspecto primigenio de la escultura: con cabeza y sin la cruz actual; o, si la tenía, era de escaso valor. Tan deteriorada quedó la figura que a mediados del siglo XVIII el platero pamplonés José de Yábar la restauró revistiéndola por completo de plata y colocándole por cabeza la especie de escafandra antes mencionada. Y sobre ella situó una cruz. Además, se le incorporó parte del lignum crucis que se guardaba en el altar mayor de la capilla.

Un dato curioso es que, cuando se retiró el recubrimiento de plata original, se descubrió que la escultura estaba tallada en un tipo de madera desconocido para todos, incluido el maestro carpintero. En ella se encontraron, además, indicios de que había tenido ciertos apéndices que habían desaparecido. Es decir, la representación primitiva debía de diferir sustancialmente de la que ha llegado hasta nosotros. Nos encontramos pues ante una obra de la que se desconoce su autor, su fecha de elaboración, el tipo de madera con el que fue tallada e incluso cómo era en un principio. Además, si los ladrones arrancaron la cabeza de la imagen, tampoco la cruz estaría sobre ella en su origen. ¿Por qué decidió el platero colocársela? ¿Y por qué le puso la escafandra?

ICONOGRAFÍA ANÓMALA

Quizá la respuesta se encuentre en un capitel de la iglesia parroquial de Berrioplano, un pueblo muy cercano a paplona. Este edificio, de estilo románico, se construyó en el siglo XII y en su portada puede verse, tallada en piedra, la misma representación de San Miguel con su cruz… ¡y su escafandra! El misterio reside así en la imagen de este capitel, presumiblemente anterior a la imagen del santuario. Hasta el momento son los dos únicos lugares en los que se ha representado a San Miguel de tan curiosa forma. Existe una tercera representación datada algún tiempo antes, pues es prerrománica, del siglo X, pero está tan deteriorada que resulta imposible saber si presentaba una escafandra alrededor de su cabeza. Formaba parte de un relieve de la ermita de San Miguel de Villatuerta y hoy se conserva en el Museo de Navarra. La representación más generalizada de San Miguel procede del período medieval y de los comienzos del Renacimiento: aparece vestido de guerrero, con coraza y escudo, y montado encima de un dragón, que simboliza al demonio. En los casos de Berrioplano, Aralar y Villatuerta no sucede así. ¿Por qué? ¿Qué simboliza el ocultamiento de su rostro? ¿Es San Miguel o es otro tipo de entidad? ¿Acaso responde más a una realidad ufológica que a una figura religiosa? Los expertos se preguntan por qué fue precisamente en esa zona de Navarra donde la forma tradicional de mostrar al arcángel fue sustituida por esta iconografía tan extraña.

 

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