Otra de transgénicos

La biotecnología y los biotecnólogos ,al servicio de las multinacionales,se puede comprobar aquí,como rascando un poco a los defensores de los transgénicos se ve que tiene intereses, aparte que se reconoce el mal a la salud que hacen.
EL Dr. Séralini GANA EL JUICIO A MIEMBROS DE LA ASOCIACIÓN DE BIOTECNOLOGÍA AGRÍCOLA DE FRANCIA, QUE LO HABÍAN DIFAMADO. 

El profesor Séralini había sufrido una intensa campaña de desprestigio, provocado por su reciente reanálisis de los datos sometidos por Monsanto para obtener autorización en Europa para tres líneas de maíz, MON 863, MON 810, y NK 603, sobre los que la EFSA había dado una opinión favorable. En el artículo publicado, el equipo de investigación del Sr. Séralini concluyó que los datos “indican signos de toxicidad hepática y renal, probablemente debido a los pesticidas específicos a cada tipo de maíz. Además, tampoco se pueden excluir consecuencias metabólicas directas o indirectas de la modificación genética ”

El Dr. Séralini decidió ir a juicio. Creía que los investigadores Cluade Allegre, Axel Kahn y Marc Fellous estaban detrás de la campaña de difamación y de intimidación en Francia, y por este motivo se querelló en las cortes contra Fellous, miembro de la Asociación francesa de Biotecnología Agrícola (AFBV). El Dr.. Séralini argumentó que la campaña había dañado su reputación, reduciendo sus oportunidades de trabajo y las posibilidades de obtener financiación pública para su investigación. Durante el juicio, se reveló que Fellous, que se presentaba a sí mismo como un científico “neutral” poseía patentes a través de una compañía basada en Israel. La compañía vende patentes a muchas corporaciones como Aventis. El abogado de Séralini va demostrado que otros miembros de la AFBV tienen vínculos también con empresas de la agroindustria.

Recordemos que la lista de científicos víctimas de campañas difamatorias por parte de la industria y de algunos biotecnólogos agrícolas es bastante larga: Arpad Pusztai, Ignacio Chapela y David Quist, Judy Carman, Manuela Malatesta, Andres Carrasco y muchos otros

Recordemos también que el Dr. Séralini fue invitado por Somos lo que Sembramos a las Jornadas Internacionales que tuvieron lugar en Barcelona en marzo de 2009, y que fue objeto de difamación por parte de algunos “destacados” biotecnólogos de plantas de nuestro país , así como por el Sr. Albó de la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria (ACSA) (la ACSA ha reconocido recientemente que hay muchos estudios que indican afectaciones sobre la salud de animales de laboratorio por parte de los transgénicos y que algunos, también en relación a “nuestro” MON 810, no han sido evaluados por la Agencia de Seguridad Alimentaria Europea EFSA). El Sr. Albó aseguró que el Dr.. Séralini no era quien decía ser, y que no había sido asesor del Gobierno de Francia. Aseveraciones vergonzosamente falsas.

Mas sobre la noticia,demostrando que los científicos independientes si quieren, pueden hacer un trabajo para la sociedad

Londres, 26 enero 2011
Mae-Wan Ho

Un científico muy renombrado por su investigación acerca de los riesgos de los transgénicos acaba de ganar un proceso contra asociaciones de biotecnología que habían desencadenado una campaña para desacreditarlo.

Gilles-Eric Séralini, docente de biología molecular en la Universidad de Caen, en Francia y presidente del Consejo Científico de Investigación Independiente en Ingeniería Genética (CRIIGEN), es un investigador de primera línea acerca de los riesgos de los transgénicos. No hay mucha sorpresa que él y su equipo se convirtieran en blanco de una concertada campaña difamatoria en la cual fueron muy activos Monsanto, EFSA (la Autoridad de Seguridad Alimentaria de Europa), y asociaciones científicas representando la biotecnología en Francia, la Asociaciòn Francesa de Empresas de Biotecnología y el Consejo Superior Francés en Biotecnología.

Este ataque fue gatillado a partir de que el equipo coordinado por Séralini reanalizó escrupulosamente la información que había puesto Monsanto a disposición con motivo de obtener la autorización comercial en Europa de tres líneas de maíz transgénico, MON 863, MON810 y NK603, permisos sobre las cuales la mencionada EFSA había dado su dictamen favorable. El equipo en cuestión publicó sus conclusiones estableciendo que “los datos disponibles revelan toxicidad hepatorrenal, posiblemente a causa de los nuevos pesticidas diseñados específicamente para cada maíz transgénico. Sumado a esto se observan consecuencias metabólicas directa o indirectamente provocadas, para las cuales la modificación genética no puede ser excluida.”

Séralini y sus colegas recibieron un amplio apoyo de científicos y desde la sociedad civil. Pero Séralini se decidió a demandar por calumnias: estaba convencido de que los investigadores Claude Allegre, Axel Kahn y Marc Fellous, estaban manejando desde las sombras la campaña de insidia e intimidación que se desplegaba en Francia y ése fue el motivo por el cual demandó judicialmente a Fellous, miembro pleno de la Asociación Francesa de Empresas de Biotecnología (AFBV). Séralini argumentó que la campaña había dañado su reputaciòn y con ello habían disminuido sus oportunidades laborales y sus posibilidades de obtener fondos para investigación.
El 18 de enero pasado la corte judicial de París dictó sentencia y lo hizo a favor de Séralini, en medio de una sorpresa generalizada.

Durante el juicio salió a luz que Fellous, que se presentaba a sí mismo como un científico “neutral” sin intereses personales en juego y que acusaba a quienes critican u objetan a los productos transgénicos de ser “ideológicos” y “militantes”, en verdad poseía patentes de productos genéticamente modificados, de su propiedad, a través de una empresa con base legal en Israel. Esta compañía le vende patentes a corporaciones transnacionales como Aventis. El abogado de Séralini demostró que varios otros miembros de la AFBV también tienen estrechos vínculos con compañías de agribusiness, con lo cual su pregonada imparcialidad científica y su integridad profesional quedaron muy bajo la lupa.

El juez sentenció a AFBV a una multa de mil euros, a un euro de compensación por reclamo del demandante y a 4000 euros en costas.
Corinne Lepage, presidente de CRIIGEN, estaba entusiasmada con la victoria judicial, sobre todo porque no era muy optimista del resultado luego de la primera sesiòn que habían tenido el 23 de noviembre [info para argentinos en particular y probablemente latinoamericanos en general: del 2010; n. del trad.]. “La vida te da sorpresas: es la primera vez que un alborotador (soplón) [whistleblower] no está a la defensiva sino a la ofensiva.”

Comentando el triunfo judicial, Pete Riley de la organización UK’s GM Freeze [“Congelar” los transgénicos en el Reino Unido; suspenderlos definitivamente] declaró: “Saludamos calurosamente este juicio y estamos encantados con el profesor Séralini. Esperemos que ahora empecemos a ver el fin de este tipo de campañas sucias y vacías que hemos visto en este caso y en otros en la última década, aproximadamente. La libertad de los científicos independientes para desafiar los hallazgos científicos financiados por una industria que procura vender semillas y agroquímicos constituye un elemento vital para cualquier sociedad. La historia de desastres tecnológicos nos dice que la industria y los reguladores estatales son los últimos que reconocen o admiten que hay un problema. Apoyamos plenamente el derecho de Séralini a proseguir sus investigaciones sobre semillas transgénicas y le deseamos más capacidad de decisión.”

El médico Brian John de FM-Free Cymru dijo: “Éste es un desenlace más que gratificante ante un caso que jamás tendría que haberse planteado si los industriales de la biotecncología hubiesen seguido las tradiciones de larga data de respeto a los investigadores y hubiesen aceptado honestos debates con académicos cuyos puntos de vista y hallazgos en la investigación no coinciden con los propios de la industria. Hace ya años que la industria de la biotecnología y sus apologistas han tenido la lengua suelta para calumniar e intimidar a quienes han tenido la temeridad de cuestionar la seguridad de los productos genéticamente modificados… algunos señorones académicos trabajando para la industria biotecnológica se han comportado más como thugs [miembros de una secta de la India, a la que se le atribuyen asesinatos por fanatismo] que como científicos. Su filosofìa ha sido siempre: ‘maten al mensajero’. La lista de víctimas es larga: Arpad Pusztai, Ignacio Chapela y David Quist, Irina Ermakova, Judy Carman, Manuela Malatesta, Andrés Carrasco y muchos otros.

”Felicitamos al profesor Séralini por haber tenido el coraje de mantenerse firme ante la campaña y de haber devuelto el golpe. Esperemos que su triunfo haga que las compañías transnacionales de biotecnología y los reguladores públicos le otorguen a los investigadores independientes el respeto que merecen.”

Y lo más importante, que nuestros reguladores presten mucha atención a los hallazgos de Séralini y de aquellos científicos independientes que alrededor del mundo luchan persistentemente contra la introducción subrepticia de alimentos transgénicos en la gente.

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