Espíritus Familiares

Kratos Habla:

En muchos lugares del mundo se considera que los duendes o espíritus familiares de muchas culturas están ‘emparentados’ con los espíritus de la mitología romana; espíritus ‘buenos’ como los lares o los manes, y espíritus ‘malos’, comolas larvas o los lemures. Así, los latinos, los sabinos y los etruscos crearon toda una mitología de divinidades, entre las que se encuentra el importante grupo de los espíritus familiares. A este grupo pertenecen los Lares, los Penates, los Genios y los Manes.

LARES


La palabra lar es, originariamente, etrusca y significa jefe o príncipe. Se habla de ellos por primera vez en el canto de los hermanos Arvales, uno de los más antiguos monumentos de la lengua latina, con el nombre de Lases. El canto es una plegaria por la prosperidad de la cosecha y la llegada de la primavera, y la invocación E nos Lases juvate les otorga la condición de protectores de las labores del campo.

Como tales, hay que ponerles coronas en el hogar, en las Calendas, los Idus y las Nonas y en los días de fiesta, rezando en estos mismos días al lar familiar, para que la cosecha sea abundante. En su origen, pues, los lares eran los espíritus de la campiña romana, guardianes y protectores de la familia. Según la tradición, cada lar familiar guardaba en depósito un tesoro, que mantiene oculto hasta que lo revela un día a alguien que demuestre sobradamente su piedad y su devoción. Por su condición de protectores, más tarde se les asoció a los dioses domésticos, especialmente a los Penates, proveedores de la despensa (penus) y a los Genios, representantes de la fuerza productora y conservadora de la raza.

Los individuos de una familia, tanto al salir de viaje como a su regreso, saludaban a los lares y les agradecían cualquier favor recibido, ofreciendo sacrificios en su honor. El Lar único tenía el título de Pater familiae (padre de la familia).

No estuvo nunca bien determinada la naturaleza y la condición de los lares; se sabe únicamente que no eran dioses en el más alto sentido de la palabra, ni tampoco hombres divinizados, y sí únicamente espíritus inconcretos que cuidaban de la salud y de la prosperidad de la familia, guardianes de los hombres y de cuanto les pertenece. En cada casa se adoraba únicamente un lar, pero en las encrucijadas o separaciones de terrenos y caminos, en capillas erigidas para resguardar las imágenes, se les hallaba en número de dos, formando una pareja.

En este último caso, se les confundía muchas veces con los Penates. Su representación eran figuras de jóvenes coronados con flores, vistiendo túnica corta y toga. Sus imágenes se pintaban también en el muro principal de cada casa, cuando no tenían altar propio en el centro del hogar o su templo en el atrio.

Al viajar o purificar la vivienda, al levantarse cada mañana, se les rezaba o bien ofrecía un sacrificio. Los soldados dejaban las armas junto a ellos al volver de sus campañas, los presos sus cadenas al recobrar la libertad…con posterioridad, el culto se diversificó y se crearon imágenes muy variadas: los lares praestites o militares se representaban como jóvenes soldados armados de lanza y vistiendo manto; los lares laudentes, o danzantes, en actitud de bailar o en posturas airosas…y paulatinamente,en la literatura, el arte y las ceremonias religiosas, fue desapareciendo la distinción existente entre los lares públicos y los privados, y entre éstos y los penates. Por su parte, los familiares y los praestites fueron absorbidos por los compitales.

PENATES


Estos dioses domésticos, equiparables a los lares (y viceversa), de ser en un principio protectores de la familia ( y estar, por tanto, colocadas sus imágenes en la parte más recóndita de las habitaciones que custodiaban), pasaron luego a serlo también del Estado, existiendo así los públicos o mayores (con imágenes en el templo de Vesta,en Roma) y los menores, familiares o privados. La ley romana de las Doce Tablas prescribía expresamente su culto. Históricamente existe la duda de si todos los dioses eran adorados como penates, o únicamente algunos de ellos, tales como las imágenes halladas en monedas, medallas y vasijas de Júpiter, Minerva, Neptuno, Apolo, Juno, etcétera.

GENIOS


El culto al genius era uno de los más importantes en la religión romana; pero al mismo tiempo su significación tenía mucho de enigmática, ya que su
concepto no se aplicaba siempre del mismo modo, sino que se confundía con otros, como con el lar. Para algunos autores, lar y genius eran una misma cosa. El concepto primordial del genius es la fuerza divina que engendra, siendo su primera manifestación la unión de los dos sexos. A las nupcias se las llamó genialis, y el mismo epíteto se aplicó a los dioses que significaban abundancia, alegría y prosperidad, como Baco, Saturno o Ceres, y en general a todo lo que era felicidad y ventura. El nombre genius, el adjetivo genialis y también la voz ingenius, vinieron a significar la plenitud de facultades intelectuales, la fuerza del espíritu. Aún hoy día, el vocablo ‘genio’ se aplica al talento creador.

A los genios se les ofrecía vino, flores, pasteles, incienso y danzas, en el día del natalicio, sin ningún derramamiento de sangre. Al jurar por el genio, los antiguos romanos se tocaban con la mano derecha la frente, como lugar donde reside la inteligencia que gobierna la vida del hombre. El símbolo de los genios era una serpiente, y en muchas casas se llegó a tener ejemplares de estos animales, rindiéndoles culto.

Esto y la tradición griega (para los griegos los genios eran demonios benéficos), dieron origen a numerosas leyendas de divinidades encarnadas en serpientes, que al unirse con mujeres daban origen al nacimiento de hombres célebres. El culto al genio fue muy popular , precisamente porque se adaptaba a toda colectividad existente y era una de las formas del culto de los emperadores. Grupos políticos, castas, asociaciones de todo tipo, se ponían al amparo de un genio especial y concreto.

No tenían rasgos antropomórficos, sino que más bien eran espíritus anónimos. No fue hasta muy tarde cuando se les empezó a representar con figuras. Y en la época de la decadencia, no había plaza, ni calle, ni puerta de la ciudad, que no estuviera bajo la guarda y protección de un genio. En tiempos de Augusto, el Senado decretó que en todas las casas se hiciesen, al empezar cada comida, libaciones al genio del emperador, cuya imagen figuró también desde entonces, al restablecerse la fiesta de los Compitalia, en las capillas, entre los dos lares.

MANES


Este nombre, que significa los buenos, los clementes, era dado por los romanos a los espíritus de los muertos y a las potencias que gobiernan el mundo inferior. El mundo helénico no fue pues ajeno, tampoco, a la generalizada creencia en la supervivencia o inmortalidad del alma, una vez desaparecido el cuerpo. Los latinos tuvieron siempre culto a los muertos: los enterramientos se hacían en el mismo suelo de la morada o vivienda, para que así las almas de los fallecidos pudieran seguir habitando entre sus deudos, convirtiéndose en espíritus familiares, a los que se llamaba Manes y también Dii parentes.

La ley de las Doce Tablas, ya citada anteriormente, ordenaba que los derechos de los divinos Manes fueran sagrados y que cada cual considerara a sus muertos como dioses. Cuando el cadáver se terminaba de consumir en la hoguera, los parientes y amigos lo invocaban como a una divinidad más.

El nombre Manes no se aplicaba a ningún fallecido en concreto, sino al conjunto de espíritus, fantasmas o sombras de los que habían sido y ya no estaban en este mundo material, que quedaban santificados por la muerte, eran objeto de veneración o de terror y de su existencia terrena conservaban una cierta influencia sobre los vivos. Según la creencia popular, los manes habitaban en el seno de la tierra, de donde salían en ciertas épocas del año (24 de agosto,5 de octubre y 8 de noviembre), y de noche para vagar y deambular por doquier.

Para Virgilio, los manes eran las almas de los muertos en el intervalo entre la separación del cuerpo y su pase o reencarnación en otro cuerpo. Pitágoras y Platón contribuyeron a difundir estas creencias. El culto de las divinidades manes estaba limitado al círculo de cada familia. Para algunos autores, como Decio, el habitar en el mundo subterráneo implicaba que los manes stuvieran relacionados o emparentados con los dioses infernales.

El contacto con la cultura griega hizo nacer la separación de los manes en héros (apelativo honorífico) y daemon, o espíritu enojado que surge del otro
mundo para lamentarse, castigar o infundir terror. También con los manes existía la confusión, ya que a veces se les identificaba con los lares, o bien con los genios, distinguiéndoles entre buenos y malos, según el valor moral de lo que habían sido en vida. Otros puntos de vista colocaban la morada de los manes no sólo en las regiones infernales, sino también en los espacios etéreos, en la atmósfera inconcreta por la que vagaban todos los espíritus.

Los manes eran honrados en la Feralia, fiesta general de los muertos. Este
culto tendía más a suplicarles como divinidades activas que a conjurarlos y
aplacarlos, como espíritus irritados. En principio se les inmolaban víctimas
humanas (de ahí las posteriores luchas de gladiadores con sus erramamientos de sangre); pero al progresar las costumbres hizo que para los muertos se prefirieran ofrendas más piadosas, tales como leche,miel, aceite y vino, así como determinados alimentos: habas, huevos, lentejas…que se depositaban sobre las sepulturas el día de los funerales o en los días del aniversario del nacimiento o de la muerte del difunto. El principal homenaje era adornar la sepultura o la urna conteniendo las cenizas con ramos de flores
naturales.

En los túmulos se grababan las siglas D.M. o la palabra completa,
Diis Manibus, como fórmula de consagración del difunto a los Manes divinos.
Aunque la creencia romana en los manes estaba más extendida que la griega
en los héroes o semidioses, era menos concreta. Los homenajes a los manes
eran distintos, por intención y rito, a los honores rendidos a los dioses,
teniendo estos últimos prerrogativas tales como la inmortalidad consciente o
la felicidad perfecta, que los romanos no concedían a los espíritus de sus
muertos.

Para este y otros post similares los invitamos a nuestro foro

Sociedad de la niebla

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s